Cómo evitar las muletillas al hablar

En nuestro lenguaje cotidiano, todas las personas utilizamos muletillas. Las muletillas son estas palabras o frases que se repiten por costumbre y que, como su propio nombre indica, sirven como muletas en nuestra conversación. Son… «o sea, ¿vale?, ¿me explico?, ¿entiendes?, ehhh, ahhh, etc.
Las muletillas van por zonas. Por ejemplo, aquí en el País Vasco es común comenzar cualquier intervención diciendo «bueno pues…». En otros lugares habréis oído «es que…» o «esteee», o «¿sí?». La variedad es casi infinita.
Las muletillas perturban al oyente y hacen que el mensaje se distorsione hasta el punto en que, si son muy repetidas, el oyente solo puede escuchar las muletillas y el resto del discurso se diluye, por lo que deja de ser efectivo.
Con las muletillas, además, pasa algo curioso. En un lenguaje coloquial, las adquirimos adrede y de forma consciente, porque nos gustan y pensamos que nos dan personalidad. Nadie nace diciendo «jo, tío/a» o ¿entiendes? cada diez segundos.
Sin embargo, las muletillas entorpecen increíblemente nuestro discurso y es muy fácil evitarlas, así que aquí van algunos consejos para conseguirlo:

1. Sé consciente de cuáles son tus muletillas

Como digo, cada uno tenemos las nuestras. Si no localizas las tuyas, grábate o pídele a alguien de mucha confianza que te las apunte. Una vez que sabes cuáles dices, cada vez que las digas, tu mente te dará una señal de alarma y, con algo de práctica, podrás eliminarlas.

2. Habla más despacio y haciendo más pausas

Al principio te parecerá que donde antes había una muletilla, ahora tendría que haber otra palabra para sustituirla, pero no, lo más efectivo en comunicación es hablar más despacio y hacer pausas. No necesitas encadenar unas frases con otras mediante conjunciones. Prueba con el silencio. Aunque te parezca que es incómodo, para el que te escucha no lo es en absoluto.

3. Prepárate mucho

¿A que cuando cantas una canción no introduces muletillas? ¿A que cuando recitas un poema tampoco? Claro. Es lo que pasa cuando has preparado mucho un discurso. Y eso mismo pasará cuando ensayes lo que tienes que decir. Al principio solo te pasará en los discursos muy preparados, pero poco a poco, el hábito se irá incorporando a cualquier cosa que digas. Además, cuando te preparas mucho, estarás más segura de ti misma y de tu propio discurso.

4. Incorpora nuevas palabras y frases a tu vocabulario

Dicen los investigadores que de las 60000 palabras que conocemos, solamente utilizamos unas 20000. El resto, aunque están ahí, no las llegamos a incorporar en nuestra comunicación. Hacerlo, además de más riqueza léxica, nos dará la oportunidad de contar con comodines para enlazar frases sin necesidad de recurrir a las muletillas.

5. Piensa antes de empezar a hablar

Parece una obviedad… pero párate a pensar cuánto tiempo dedicas a pensar en tu respuesta antes de darla. Si necesitas hacerlo porque el contexto lo requiere, puedes parafrasear la pregunta, lo que te dará esos segundos extra.

Como dice Tony Robins, la calidad de nuestra vida es la calidad de nuestra comunicación. Es tan sencillo como lo que os cuento: sin trampa ni cartón. Ahora solo queda ponerlo en práctica. ¡A por ello!

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